Festividad de Todos los Santos y Fieles Difuntos 2018

Se acerca la Festividad de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos, dos fechas importantes en el calendario para los católicos. Además de ofreceros el horario de Misas, aprovechamos para hablaros de su significado en esta noticia.

La fiesta de Todos los Santos es una gran celebración para toda la Iglesia porque hay una gran fiesta en el cielo. Para nosotros es una oportunidad de agradecer todos los beneficios y todas las gracias que Dios ha derramado en personas que han vivido en esta tierra, y que han sido como nosotros, con debilidades y limitaciones humanas, y con las fortalezas que Dios nos da.  Personas que nos recuerdan que nuestra meta es el Cielo, que nos inspiran para amar con los mismos sentimientos de Cristo y nos recuerdan que Dios nos llama a ser los santos de nuestro tiempo. Como decía san Agustín: «Cuando sientas que ya no sirves para nada, todavía puedes ser Santo».

El Día de los Fieles Difuntos responde a una larga tradición de fe en la Iglesia: orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

Es el Día que recordamos y rezamos de manera especial por nuestros difuntos. “Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios.” (San Agustín)

 

Oración del Papa Francisco por los difuntos 
(Conmemoración de todos los Fieles Difuntos 2014)

Dios de infinita misericordia,
confiamos a tu inmensa bondad
a cuantos han dejado este mundo para la eternidad,
donde tú esperas a toda la humanidad,
redimida por la sangre preciosa de Jesucristo,
muerto en rescate por nuestros pecados.

No mires, Señor,
tantas pobrezas, miserias y debilidades humanas
con las que nos presentaremos ante el tribunal
para ser juzgados para la felicidad o la condena.

Míranos con la mirada piadosa
que nace de la ternura de tu corazón,
y ayúdanos a caminar en el camino de una completa purificación.

Que ninguno de tus hijos se pierda en el fuego eterno,
donde ya no puede haber arrepentimiento.

Te confiamos, Señor, las almas de nuestros seres queridos,
y de las personas que han muerto sin el consuelo sacramental
o no han tenido manera de arrepentirse
ni siquiera al final de su vida.

Que nadie tenga el temor de encontrarte
después de la peregrinación terrenal,
en la esperanza de ser acogidos
en los brazos de la infinita misericordia.

La hermana muerte corporal
nos encuentre vigilantes en la oración
y llenos de todo bien,
recogido en nuestra breve o larga existencia.

Señor, que nada nos aleje de ti en esta tierra,
sino que en todo nos sostengas
en el ardiente deseo de reposar serena y eternamente.
Amén.

 

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