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Arranca la Campaña de la patata solidaria de Cáritas de la Parroquia del Mar de Jávea

Se cumplen 10 años del huerto solidario de Cáritas Parroquia del Mar, en Pedreguer.

Mayo 2021

Quizás sea el único huerto ecuménico, internacional y solidario de la Comunidad Valenciana.  Frente al reto lógico de conseguir la mayor rentabilidad económica por parcela trabajada y recuperar la inversión, en Pedreguer, en el huerto de los Sinnema, Herman e Ineke, el objetivo es otro. Aquí también hay patatas, hay verduras y hay cítricos pero su propósito -que ahora cumple diez años- es sostener un proyecto solidario : dar de comer a quienes tienen poco y ayudar a la integración de quienes son rechazados por el sistema económico vigente, no importa su procedencia.

Por eso aunque se puede hablar a lo largo de esta década de la producción de unos 18.000 kilos de patatas, unos 23.000 kilos de verduras y unos 13.000 kilos de naranjas, verduras que se distribuyen y ofrecen a cambio de un donativo voluntario, los Sinnema ponen su orgullo en la oportunidad ofrecida a unas 115 familias que a lo largo de estos años han encontrado en el huerto, la ocasión de aprender un oficio -que a algunos  les ha llevado a  la creación de empresas de jardinería- , la tranquilidad de llevar comida a su casa cuando todas las puertas parecían cerradas y el espacio para estrechar lazos de amistad con gentes de distintos países.

Hace diez años que los Sinnema se acababan de jubilar en Pedreguer y estaban ilusionados con montar un huerto en su casita. La idea había ido madurando en Jávea, en conversaciones con otros amigos holandeses, quienes colaboraron en limpiar un erial lleno de piedras. Los Sinnema, como buenos holandeses,  quisieron empezar por las patatas y buscaron un proveedor-patrocinador.

– “Mi modesta contribución con los Sinnema empezó hace 10 años a través de un amigo mío que trabaja en mi misma empresa pero en Holanda, nos dice el gerente español de una empresa de patata de siembra holandesa en Valencia, que desea mantener el anonimato. El primer año les llevé yo mismo las patatas de siembra con el coche, intercambiamos correos electrónicos y poco más. Al año habíamos congeniado y yo no sabía entonces que gran parte de la producción estaba destinada a Cáritas, a la Parroquia del Mar de Jávea. Seguí acudiendo a Pedreguer en años sucesivos, encantado de llevarles las semillas y de tomarme con ellos un café, ver las pinturas de Ineke y charlar sobre patatas con Herman, que se entusiasma con las variedades que les llevo. Ahora mismo mi empresa vende 80 variedades distintas en Valencia y en el mundo existen unas 4000 variedades de patatas. En la creación de nuevas variedades se busca que se adapten mejor a las distintas climatologías, exigencias del suelo, menores necesidades hídricas, etc.”.

–  ¿Cómo explica que Holanda, uno de los países más pequeños en extensión de Europa, más pequeño que Aragón, esté produciendo más productos agroalimentarios que España, Italia y Portugal juntos?.

– “La diferencia fundamental entre la patata de siembra holandesa y la española, por poner un ejemplo próximo, es la investigación. Invertimos mucho en I+D. Hay un plazo de 35 años para amortizar estos gastos y luego la variedad de patata queda libre, que es lo que ha ocurrido con la agria que, como es sabido, es adecuada para freir. Pero ahora hay variedades hasta para chips, para restaurantes de comida rápida, patatas para los mercados locales tradicionales del tercer mundo a los que acompañamos para garantizar la calidad y la productividad de la siembra. En un mundo de tanta desigualdad y tan complejo, la sencillez y la calidad nutritiva de la patata son más importantes que nunca”.

-¿ Qué empuja a un empresario como Ud. a plantearse una acción solidaria como es el regalar parte de un excedente de productos o beneficios?

– El mundo está montado al revés: nos preocupamos por lo que no es más importante. Deberíamos ser más solidarios y pensar más en el prójimo. Desgraciadamente, y yo el primero, nos preocupamos por la rentabilidad, por el dinero. Pero pienso que sacar tiempo para los demás es de sentido común. Veo gente que tiene poco y, sin embargo, colabora, ayuda. Eso debería ser lo normal”.

Por su parte, Herman e Ineke provienen de familias que mamaron la solidaridad. En la guerra, el padre de Herman ocultó a judíos y todo el mundo sabía que si tenía hambre en aquella familia les iban a ayudar.

– “En Holanda, especialmente en el campo,  -dice Herman- la gente se ayuda, unos a los otros. Nos transmitieron esa manera de vivir.  Para nosotros es lo natural. Pero ojo,  también en el campo español me he encontrado con modelos semejantes. Tengo vecinos que me enseñar a trabajar aquí la tierra, con sus periodos de sequía y un riego escaso. Otros me regalan el estiércol, muchos me resuelven dudas….vecinos que hoy considero amigos, como también lo son otros muchos, de otros sectores, que ocupan o han ocupado altos cargos en empresas importantes de España y que divulgan la necesidad de un cambio de mentalidad”.

Herman

Este cambio de mentalidad, de uso y disfrute de la propiedad, también es compartido por el proveedor anónimo de patatas.  “Los jóvenes son mucho más sensibles a pensar en los demás, a analizar lo que estamos haciendo con la naturaleza, -afirma. “Habría que dar más información y animarnos mutuamente a cambiar este estado injusto de las cosas, de gente que tiene todo y otros carecen de lo más indispensable. Descubrí que los Sinnema están contentos con lo que hacen y yo desearía hacer algo parecido cuando me jubile. Aunque mi contribución -ahora mismo- es tan pequeña que me da casi vergüenza. Es ridícula al lado de su trabajo”.

Por su parte, Ineke, siempre detrás de Herman, es hija de un pastor protestante.

– “La educación que recibí, aunque viviera contradicciones,  me resultó una regla de oro para ayudar a los demás. Para mí, todas las personas son iguales. La importancia de este huerto no es solo que producimos comida para mucha gente que acude a Cáritas sino porque nos permite acoger a gente desplazada – Herman tiene muy buen humor- y entre ellos se crean lazos de amistad y solidaridad. Estamos ayudando a que se inserten en la sociedad”.

El marketing que se practica es simple, basado en el boca a boca.  Empezando por la colonia holandesa de Jávea e irradiándose por toda la Marina Alta. “Cuatro veces al año, grupos de una treintena de personas, se desplazan de excursión a Pedreguer y retiran, según temporada, cebollas y coles rizadas, patatas y fresas, cardo y alcachofas, habas….. visitas que se vieron truncadas, lógicamente, por la pandemia”, – me refiere Ineke. “Pero llaman, preguntan, se interesan”.  Siempre todo a cambio de un donativo. Y luego están  los otros extranjeros de Pedreguer, muchos vecinos que no tienen huerto, algunos residentes de Jávea, Cáritas de la Parroquia del Mar que distribuye kilos de patatas en una campaña que ya se espera en mayo como algo tradicional y que se mantiene gracias a la alta calidad de la patata holandesa y a la generosidad de quienes, con su donativo, aportan su grano de arena a un proyecto solidario.